Akif Çevik
Responsabilidad Social

Un viaje que empezó con la educación y siguió con la ayuda humanitaria en Tanzania: ver brotar la esperanza en la misma tierra treinta años después

Hay viajes en la vida que conservan en el corazón la calidez de su primer día por muchos años que pasen. Y hay recuerdos que no solo traen el pasado; años después vuelven y muestran cómo ha crecido el bien que hiciste...

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Una sala llenándose para la proyección del documental

Hay viajes en la vida que conservan en el corazón la calidez de su primer día por muchos años que pasen. Y hay recuerdos que no solo traen el pasado; años después vuelven y muestran cómo ha crecido el bien que hiciste, y cómo se convirtió en esperanza en la vida de otros. En momentos así uno siente que el tiempo no desgasta la bondad, sino que la madura.

En 1996, cuando el difunto Alptekin Aksoy, voluntario en la educación, viajó a Tanzania, la Ishik Medical and Educational Foundation, creada junto a nuestros amigos tanzanos, adquirió forma institucional. Tras la creación de la fundación que sería la base de las escuelas, tuve la ocasión de ir a Tanzania en octubre de 1997 como su presidente. Después de la investigación y los preparativos, la enseñanza comenzó en 1998 con el nombre de Feza Boys Secondary School.

Entre 1997 y 2003, además del trabajo educativo, pude seguir de cerca las actividades humanitarias de la fundación. En la raíz de cada paso de aquellos años estaba el ideal de mantener viva a la gente. Contribuir a la formación de una persona, desde los valores humanos universales, era la inversión más valiosa que se podía hacer no solo en un individuo sino en el futuro de una sociedad. Del mismo modo, tender la mano a quien lo necesita era uno de los ejemplos más hermosos de mantener viva la conciencia compartida de la humanidad.

Unos treinta años después, en 2026, asistí al estreno de un documental titulado “Van straat naar Hoop: Onze kanjers in Tanzania” (De la calle a la esperanza: nuestros campeones en Tanzania), organizado en Róterdam por Time to Help Nederland, que trabaja en los Países Bajos, donde vivo ahora. Para mí no fue una proyección cualquiera.

Un viaje que empezó con la educación y siguió con la ayuda humanitaria en Tanzania

Porque el proyecto de orfanato que aparece en la película se desarrollaba en Dar es Salaam, en una zona muy cercana al barrio donde viví en su día. Ver que un lugar donde antes vivían niños de la calle en plena desesperación tiene hoy un hogar seguro, escuela y esperanza me llevó al pasado y me dejó unos sentimientos difíciles de poner en palabras.

Ver, en esa misma tierra donde tanto esfuerzo se había puesto en la educación, el fruto de un trabajo que hoy ayuda a niños huérfanos a volver a agarrarse a la vida, me hizo sentir la abundancia que la bondad reparte a lo largo del tiempo. En ese momento volví a pensar: la educación y la ayuda humanitaria no son cosas distintas, sino dos expresiones de la misma compasión. A veces una persona toca vidas construyendo una escuela, a veces levantando un orfanato, y a veces simplemente haciendo saber a alguien que no está solo.

Una historia de esperanza perdida que vuelve a la vida gracias a la bondad

Celebrado el domingo 17 de mayo de 2026 en LantarenVenster, uno de los centros importantes de cultura y arte de Róterdam, el estreno de “Van straat naar Hoop: Onze kanjers in Tanzania” ofreció al público no solo un proyecto de ayuda, sino una historia humana conmovedora sobre cómo la esperanza perdida puede volver a crecer gracias a la bondad.

La velada, organizada por Time to Help Nederland, que realiza trabajo humanitario internacional, reunió a cientos de personas de distintas culturas y edades en torno a una conciencia compartida. Lo que todos los presentes tenían en común era la responsabilidad de poder tocar una vida humana, y la alegría de llegar a alguien que lo necesita esté donde esté en el mundo.

El programa lo presentó Karim Amghar, conocido docente y figura de los medios en los Países Bajos, y durante toda la velada la sala no se llenó solo de la emoción de un estreno, sino de una esperanza firme en que la humanidad todavía puede levantarse gracias a la bondad.

Una historia de solidaridad que va de la calle a la esperanza

En el documental, el público fue testigo de la vida de niños huérfanos que luchan por sobrevivir en las calles de Dar es Salaam, en Tanzania. Lo que empezó con el esfuerzo de un maestro local que intentaba proteger a esos niños casi sin medios creció, con el apoyo de voluntarios en los Países Bajos, hasta convertirse en un movimiento internacional de solidaridad.

Que los niños pasaran de la calle a un hogar seguro no representaba solo un cambio físico, sino el renacer de unas esperanzas que se habían perdido. En cada escena de la película se veía con claridad cómo el amor, el sacrificio y el voluntariado pueden cambiar una vida humana.

El proyecto de orfanato en Tanzania

Dentro del proyecto que los voluntarios de Time to Help Nederland llevan a cabo en Tanzania se ha realizado un trabajo importante para dar a los niños un futuro seguro.

Como parte del proyecto se reformó un orfanato con capacidad para más de ochenta niños y se convirtió en un lugar seguro para vivir. Gracias a las donaciones, los niños recibieron no solo un techo, sino también apoyo educativo, material escolar, cuidados, estabilidad y nuevas oportunidades de futuro.

Lo que dio sentido al proyecto fue, por encima de todo, el amor, el respeto, la empatía, la ayuda mutua y la solidaridad. Los voluntarios hicieron más que cubrir las necesidades diarias de los niños: les ayudaron a volver a soñar, a creer en sí mismos y a mirar el futuro con esperanza.

Las historias reales que se cuentan en el documental mostraron con fuerza cómo hacer el bien puede cambiar una vida humana.

La bondad no conoce fronteras

Los voluntarios que viven en los Países Bajos compartieron esta historia con sus familias, sus amigos y su entorno, y en poco tiempo levantaron una amplia red de solidaridad. La campaña fue más allá del apoyo material: convirtió el amor, la empatía y los valores humanos en un movimiento compartido de bondad.

Mientras se mostraban al público los efectos concretos del trabajo de ayuda sobre el terreno, hubo en la sala momentos de verdadera emoción. Las actuaciones en directo y las conversaciones con los voluntarios permitieron a los asistentes ver de cerca los sacrificios que hay detrás del proyecto.

El documental describe el trabajo que los voluntarios de Time to Help Nederland realizan en un orfanato del barrio de Mbagala, en Dar es Salaam, Tanzania. Transmite de forma conmovedora el camino de unos niños que luchan por sobrevivir en la calle hacia la seguridad, los cuidados, la escuela y la esperanza de un futuro.

Llevado a cabo con amor, empatía, trabajo duro y voluntariado, este es uno de los ejemplos más hermosos del esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de los niños de la calle y los huérfanos. Ubuntu, la antigua filosofía de África, y su idea de que “yo soy porque nosotros somos”, forman el espíritu de la película.

La película deja al descubierto ejemplos poderosos de esperanza, solidaridad y humanidad. El documental sobre este trabajo de ayuda en Tanzania, “Los verdaderos campeones de Tanzania: de la calle a la esperanza”, se encontró con su público por primera vez en el teatro y cine LantarenVenster de Róterdam.

**Para ver el documental: **https://youtu.be/y-rr5AKU7s4?is=4kkqus-O56UHXUN0

Van straat naar Hoop | Documentaire over straat- en weeskinderen in Tanzania · Stichting Time To Help Nederland

Ubuntu: “yo soy porque nosotros somos”

Uno de los mensajes con más sentido de la velada fue Ubuntu, la antigua filosofía de vida de África. Construida sobre la idea de que “yo soy porque nosotros somos”, se sentía en cada escena del documental. La mano tendida a los niños huérfanos mostraba cómo personas que viven en países distintos pueden encontrarse en valores humanos compartidos. La verdadera riqueza de la humanidad no está en lo que poseemos, sino en lo que somos capaces de compartir.

Al final del programa muchos de los presentes dieron las gracias a los organizadores, y las palabras de un asistente resumieron el espíritu de la noche:

“Poder llevar esperanza a la vida de un niño en otro rincón del mundo demuestra que la humanidad sigue viva.”

Este estreno en Róterdam fue de verdad mucho más que la proyección de un documental. Fue una llamada potente a la conciencia, que mostró cómo la bondad, el voluntariado y la solidaridad internacional pueden cambiar una vida humana.

Ver, en la Tanzania a la que viajé hace treinta años por la educación, un trabajo que hoy ayuda a niños huérfanos a volver a agarrarse a la vida, fue un testimonio que no olvidaré. Aquella noche entendí de nuevo que todo esfuerzo sincero que pone en el centro el mantener viva a la gente sigue dando fruto, por muchos años que pasen.

Por eso quiero dar las gracias de corazón, ante todo a los voluntarios de Time to Help Nederland, y a cada benefactor que ha trabajado en este proyecto, lo ha apoyado o ha rezado por él.

Porque a veces una mano sincera que llega desde miles de kilómetros puede cambiar el destino de un niño. Una escuela, un orfanato, una sonrisa cálida, o una mano tendida con compasión. Cada una de ellas es, en el fondo, un reflejo distinto de la misma verdad.

Mantén viva a la persona y vivirá la humanidad.

Juntos volvimos a ver que las esperanzas perdidas pueden volver a la vida en manos de personas que creen en el bien.

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